Fernando Mires - GRISURAS DE LA LUZ
Osvaldo Monsalve: Nocturno de la Plaza de la Alcaldía
AGONÍAS
entre los drones y los misiles de cada día
y la amenaza atómica y un libro abierto
y las noticias minadas que llegan y se van
digo sí al atravesar los infiernos y los humos
de esa vida (vida mía) que brilla y se apaga
cuando intento buscar bajo la luz pálida de una idea
de una pregunta o un pensamiento o algo parecido
a una razón a un destino a una lógica a una lámpara
y explicar los rostros de esa multitud tumbada a balazos
a pocos quilómetros de la puerta de mi casa
allí donde laten las ucranias de los recien nacidos
allí donde las semillas de los palos de rosa no florecen
allí donde la flor en su propia oscuridad agoniza
enterrada bajo diminutos átomos: en la negra aurora
allí donde apuro un vaso de vino que apenas miro
y me digo que a pesar de todo la vida continuará
sin destino prefijado corriendo su demente ventura
para esconderse y reaparecer entre los muertos
en un ir y venirse que no termina nunca más
allí somos nosotros
solo los segundos
del fluir de la sangre
en ese cuerpo sin venas
que es el tiempo eterno
NO ME PREGUNTES POR QUÉ
Hoy estoy más triste que una paloma de invierno,
no me preguntes por qué, las causas son ignotas,
remontan tal vez a la prehistoria de la humanidad,
o quizás antes; cuando yo era piedra o diente o animal
o aire o pasto o humedad o rocío o agua o servilleta.
Es la tristeza que baja desde la pobreza de ser hombre,
a ese punto x+2=c, donde cruzando el todo con la nada,
llega a esos abismos imposibles de aventar con vino tinto.
Son los fantasmas de cada noche, los malditos,
los que vuelven entre aves frías y cuchillos oxidados.
Hoy estoy más triste que un pingüino en medio del desierto.
No me preguntes más el porqué. Sé buena de una vez.
Solo el amor es más grande que la muerte.
FUE LA DOS
No la una, fue la mirada dos, de la mujer
que te hizo recordar el mundo, pensar
lo que no fuiste antes de que fueras, sentir
de pronto que nadie te ilumina y que las palabras
no dichas estaban fuera del programa
de la inteligencia artificial de nuestro tiempo.
Pensaste que no todo fue en vano si alguien
te miraba así, no con amor, sí con algo más profundo:
con el reconocimiento de las auroras moradas,
con la noción difusa de que no venías de la nada,
como una hoja verde escapando de su propio otoño.
Lo cierto
es que gracias al dos de los dos ojos,
la viste aparecer, a lo lejos, titilando,
como una aparecida en la noche de los tiempos.
No fue la una, fue la mirada número dos, supiste,
la que te abrió el paraíso de las bocas sin voces,
el de los espíritus que salen con la piel hacia afuera,
el de esa increíble sensación de no ser uno mismo,
sino todos, cuando la luz de cada tarde ilumina
en cada casa, en cada esquina, en cada vida:
y se apaga.
Comentarios
Publicar un comentario