Fernando Mires - DONALD Y DELCY
No se trata de Donald Duck y Daisy; tampoco de un musical norteamericano. Pero sí de un acercamiento bilateral que, hasta hace poco, habría sido una imposibilidad absoluta. Una que, si algún mago la hubiera pronosticado, habría sido razón suficiente para enviar a ese mago al manicomio. Cuánta razón tenía Hannah Arendt cuando afirmaba que las causas no existen. Quería decir, no existen antes del aparecimiento de un fenómeno, de tal manera que casi siempre, sobre todo en el caso venezolano, no son las causas las que determinan al fenómeno, sino el fenómeno a sus causas. Porque definitivamente, la amable conversación que mantuvieron Donald y Daisy (perdón, Delcy) durante la asamblea de la ONU, marca un hito en la ya no breve historia de las relaciones mantenidas por los EE. UU. no solo con Venezuela sino con América Latina. Digamos entonces para seguir la moda: estamos frente a un punto de inflexión histórica. Un punto sorpresivo. Aunque no lo es si atendemos a la breve histor...